César Miguel Rondón: ‘Para los gobernantes autoritarios, los periodistas son adversarios sumamente incómodos’ – Yandira Núñez

César Miguel Rondón: 'Para los gobernantes autoritarios, los periodistas son adversarios sumamente incómodos' - Yandira Núñez

Desde la óptica del comunicador y exiliado del Gobierno venezolano, el periodista es un “intrépido” que desafía las cadenas de los regímenes y una figura protagónica que inmortaliza la historia.

Publicada en: La Estrella de Panamá

Por: Yandira Núñez

César Miguel Rondón es comunicador, locutor y escritor. El verbo, a través de la expresión hablada y escrita le ha permitido fidelizar y conectar con las masas durante más de 40 años. Su carrera atestigua el quehacer de un profesional que se reinventa y no para, con una intensa actividad periodística dentro y fuera de Venezuela.

Actualmente, desde el exilio, conduce ‘En Conexión con César Miguel Rondón’ y ‘Día a Día’ transmitidos en los Estados Unidos y a través de las plataformas digitales. Hoy, con el sentimiento de quien anhela un reencuentro con su natal Venezuela, nos recibe desde Miami para una entrevista en la que remarca el compromiso del periodismo en tiempos de agitación y lucha sociopolítica. “Si ves a los gobernantes autoritarios, así sean elegidos democráticamente, pero con talante autoritario, los medios de comunicación y los periodistas son unos adversarios sumamente incómodos”, además, los dictadores “cercenan” a los medios y “si te dedicaste a este oficio, es porque hala la voluntad de curiosear, de buscar verdades y decirlas, divulgarlas. Es el sino de nuestro tiempo y en esas estamos”.

Haces radio desde Miami, pero te iniciaste en la década de 1970 en Venezuela. ¿Qué sostiene la fascinación hacia este medio frente a la seducción de las redes sociales?

La radio tiene un encanto único. Le han decretado la muerte en varias oportunidades; cuando apareció la televisión dijeron que ya la radio no tenía nada que buscar; cuando apareció internet dijeron lo mismo y sigue allí; parece que puede morir más temprano la televisión como la conocemos, el broadcasting, que la radio, ¿esto por qué? A la radio le salen hijos legítimos, como el podcast, que es un concepto de producción muy contemporáneo, por una razón muy sencilla, Yandira, y es que la radio apela a la intimidad, a lo primario, a la voz, a la palabra; esos son los elementos fundamentales de la poesía, por ejemplo, que es la más antigua de las artes, quizá la más directa. La radio es el acompañante que sigue teniendo la persona en su automóvil; es una comunicación íntima entre una persona frente a un micrófono y una persona frente a un receptor; la comunicación es directa. La radio tiene una ventaja extraordinaria sobre la televisión y el cine, y es que es un detonante para la imaginación. Cuando te hablo en la radio y solo escuchas la voz, te estás imaginando las cosas; si te transmito la noticia de Myanmar, tienes todo el derecho y la libertad de imaginar Myanmar tal cual como te provoque; ese es un elemento de libertad fascinante. Agrégale la imaginación, la intimidad, la comunicación directa, y la radio sigue siendo invencible.

Eres el autor de ‘El libro de la salsa. Crónica musical del Caribe urbano’. Uno de los productos en los que se aborda con mayor profundidad este género y sus orígenes. Publicado por primera vez en 1979 y reeditado en varias ocasiones, la más reciente en 2020. ¿Cómo evalúas las transformaciones de la música latina en los últimos años?

En los últimos años, si me preguntas por la salsa o lo que deriva de allí, ha faltado algo de vigor, inventiva y fuelle. Se han producido discos magníficos, pero no tenemos la escala y cuantía de producción que tuvimos 40 años atrás. Pero hay otras manifestaciones muy interesantes que van surgiendo. Cuando escribí El libro de la salsa era un joven veinteañero, armado con un grabador de casete y mucha ilusión persiguiendo músicos, preguntando aquí y allá; eso me hizo hacer un libro desde una ilusión muy grande y pronostiqué una vida eterna para la salsa; pecado de juventud, evidentemente, porque la eternidad es exclusiva de algunas cosas; pero si bien la música no ha evolucionado como hubiese deseado, el libro ha sobrevivido de una manera increíble (risas).

En tu trayectoria como escritor y autor de telenovelas fuiste protagonista de la época de oro de la televisión en Venezuela. Hoy las producciones no encuentran tantos espacios ni posibilidades. Debido a la crisis, muchos rostros han salido del país. ¿Qué tanto puede pesarle a un país la fuga de sus talentos?

Mucho, porque un país es su gente. Cuando te dicen que 5 millones y medio de venezolanos han salido, son 5 millones que han salido en los últimos años de muchas maneras y según sus posibilidades. El que pudo hacer sus maletas hace un rato y tomar un ticket de avión para volar a un destino donde tuviera cierto porvenir asegurado, lo hizo con ciertas previsiones; el que no tiene esos recursos sencillamente se carga al hombro esa maleta, toma a la familia y se va a cruzar la frontera, a pasar penurias, humillaciones, golpes terribles. La deportación de 100 venezolanos en la frontera de Chile y Bolivia recién, es un golpe humillante, con la misma buena noticia del Gobierno de Colombia de darle el estatus temporal a los venezolanos. Estás hablando de un país al cual se le cayó la casa; los venezolanos teníamos una casa llamada Venezuela y cuando se te cae la casa, tienes que irte y eso es lo que le ha pasado a esta gran cantidad de gente; con el agravante de que muchos se han ido porque no pueden hacerlo. Yo me fui contra mi voluntad; fui amenazado abiertamente por el dictador y no tuve otra opción; pero he tratado, como tantos venezolanos, de hacer destino afuera. Destruir es muy fácil, construir lleva más tiempo, pero hay que construir.

En 2019, a través de tus redes sociales y tras el cese de transmisiones de tu programa radial en Venezuela, sentenciaste: “No es autocensura, es censura pura y dura la que nos ha silenciado”. ¿Cómo se vive con una política que trastoca el andar de la prensa libre?

El filósofo y comunicador ha sido voz e imagen de numerosas marcas, empresas comerciales e instituciones nacionales e internacionales durante más de dos décadas.
Cortesía: La Estrella de Panamá

Si ves a los gobernantes autoritarios, sean elegidos democráticamente, pero con talante autoritario, los medios de comunicación y los periodistas son unos adversarios sumamente incómodos porque suelen decir impertinencias. En esto quiero incluir desde el dictador que acaba de dar el golpe de Estado en Myanmar, hasta Vladimir Putin, a Donald Trump, cuyo principal adversario eran los medios de comunicación con todo el discurso de las fake news, como a Jair Bolsonaro, en Brasil o al propio López Obrador, en México, y por supuesto a Fidel Castro, Daniel Ortega y ahora a Nicolás Maduro. Fíjate que te he citado a una amalgama de personajes que, si bien tienen ideologías y formas de gobierno distintas, tienen una característica fundamental que es el talante autoritario lo que hace que la única realidad que acepten sea la suya y cuando alguien les contradice, son adversarios y enemigos. Evidentemente, si estoy llevando adelante una dictadura, como el caso venezolano, entonces a los medios los cerceno; fíjate que El Nacional no existe, los periódicos que logran ser publicados son pasquines prácticamente; los canales de televisión que logran salir en el broadcasting son simples mamparas de la voluntad del régimen y los periodistas se han refugiado en la ventaja de la nueva tecnología, pero también ya se las arreglan para reducir las posibilidades de acceso. Si te dedicaste a este oficio es porque hala la voluntad de curiosear, de buscar verdades y decirlas, divulgarlas. Es el sino de nuestro tiempo y en esas estamos. Gracias a Dios y qué maravilla que tú sigues siendo periodista, y a mi manera, yo también.

Has mencionado que estás en el exilio. ¿Qué es lo más complejo de un nuevo comienzo?

Nací en el exilio, una paradoja curiosa. Nací en ciudad de México porque mis padres estaban expulsados por la dictadura de Pérez Jiménez. ¿Qué ocurre con el exiliado? El exiliado no manifiesta su voluntad de irse y siempre quiere regresar; a diferencia del que se va por una circunstancia económica específica, porque la vida se le hizo imposible, porque se cayó la casa y tuvo que salir con su familia a darle educación; toma la decisión. El exiliado político no toma la decisión de irse. El problema está en que si saliste por tu decisión, puedes decir cuándo vas a regresar; el que salió expulsado, no sabe cuándo regresa.

Empezaste muy joven en el periodismo. Eran tiempos de menos dinamismo sin la amenaza de la velocidad que impone lo digital, ¿cómo se enfrentan las ‘fake news’?

Apelando a herramientas que siempre han estado allí. Afortunadamente fui formado para nunca creer en el ‘tubazo’. No critico a los que viven del ‘tubazo’, lo buscan, lo alimentan y lo riegan, pero yo no lo hago, porque muchas veces obedece a una circunstancia, a una casualidad. Si no te interesa la primicia, sino saber el cuento, lo vas a verificar de todas las maneras y no es un problema de velocidad por las redes. Eso antes se podía hacer con mucho tiempo, ahora debe ser con más rapidez, pero también hay más medios y recursos para verificar, confirmar o rechazar algún tipo de información. Es un pecado castigable no manejar la información como es debido; es decir, si no manejas la información como te llega y la puedes divulgar, no lo hagas, porque a quien le estás fallando es a tu público, a tus lectores, oyentes, televidentes.

“Es un pecado castigable no manejar la información como es debido; es decir, si no manejas la información como te llega y la puedes divulgar, no lo hagas, porque a quien le estás fallando es a tu público, a tus lectores, oyentes, televidentes”.

César Miguel Rondón, periodista y escritor

En una entrevista con el diario El Mundo, mencionabas que: “La Venezuela de hoy está produciendo un arte inédito”, ¿crees que un ecosistema en crisis permite sacar lo mejor de nosotros?

Somos resilientes por naturaleza y este largo período de dos décadas de inconvenientes nos ha llevado a una producción literaria de cuantía y de calidad como antes no habíamos tenido, sobre todo en bloque; a un rigor en estudios; hemos publicado libros sobre nuestra historia reciente, sobre análisis sesudo, sociológico, económico y político de lo que hemos vivido; nos ha obligado a reflexionar sobre nosotros. Siento que hemos hecho un mejor cine del que hacíamos antes, con todas las penurias del caso. Una música extraordinaria, en todos los órdenes, desde la académica hasta la popular. Este comienzo de año, Laura Guevara publicó algo magnífico, Alejandro Zavala, Eliana Cuevas con Aquiles Báez; no me he dado abasto para divulgar esos estrenos en los medios a los que tengo acceso. La tragedia que estamos viviendo nos está obligando a reflexionarnos, a decirnos y a vernos hacia dentro para poder entender lo que tenemos.

En tu editorial del 4 de febrero trajiste a nuestras memorias los sucesos del golpe de Estado de Hugo Chávez Frías a Carlos Andrés Pérez, en 1989. ¿Cuál debe ser el compromiso del comunicador con la memoria histórica de sus raíces, en escenarios como el de la tragedia venezolana?

Cuando empecé a estudiar filosofía, y ya desde humanidades, me presentaron a Heródoto como el padre de la historia. Hay un libro de Ryszard Kapuscinski, el gran periodista polaco, llamado Viajes con Heródoto, donde comenta sus primeras salidas de la Europa del este comunista para hacer reportajes, hasta que se convierte en el maestro del reportaje que terminó siendo. Leyendo ese libro, me di cuenta de que Heródoto no era el padre de la historia sino del periodismo, porque lo que hacía era que se iba a donde estaban ocurriendo los problemas y a donde estaban dándose las batallas y narraba lo que veía, hablaba con las personas y escribía los testimonios. Ese es el periodista. El periodista es un individuo dedicado a las artes y oficios liberales, muy mal visto por muchas disciplinas sociales porque es un intrépido que se mete en todos lados y no pareciera tener autoridad en ninguna; escribe de economía y no es economista, escribe de sociología y no es sociólogo, escribe de historia y no es historiador. El historiador tiene tiempo para escribir, porque escribe sobre un pasado; puede llegar a su casa a llenarse de libros sobre el hecho que va a concurrir y a conciencia escribe la historia; el periodista está escribiendo todos los días sobre lo que está ocurriendo y no puede tener conciencia de que está escribiendo la historia, solo está haciendo periodismo. Dicha esta explicación, ¿qué es lo que nos ocurre? Cuando tratas de entender la desgracia de estos 20 años, lo que tienes a mano son testimonios periodísticos.

 

 

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