7.363.980: algo más que una cifra

Por: Jean Maninat

Según leo, el concepto de número puede incluir abstracciones tales como números fraccionarios, negativos, irracionales, trascendentes, complejos, hipercomplejos, hiperreales, superreales y los surreales.

Antes de llegar a conceptos tan estrambóticos -sobre todo para quienes tan mal nos fue con las matemáticas y por eso huimos despavoridos rumbo a las humanidades- el hombre inició el oficio de contar mediante el uso de objetos físicos: piedras, palos, caracoles, huesos, sirvieron para realizar  las cuentas de su rudimentario presente y de paso, como ñapa sobrenatural, tratar de interpretar el futuro o echarle un mal de ojo al vecino de al lado.

A medida que las sociedades se fueron haciendo más complejas surgieron instituciones centralizadas y burocráticas dedicadas a la contabilidad de impuestos, de bienes, de cosechas o de esposas en el harén. Probablemente al mismo tiempo, entre los miembros de las castas dominantes, surgió la costumbre de levantar la mano para indicar su preferencia por una u otra alternativa en discusión -exterminar o esclavizar a una tribu amiga- y con ella el oficio de contar voluntades. Tantos a favor, tantos en contra. El lujo de abstenerse vendría más adelante y su ejemplificación más célebre, al menos en la tradición cristiana de Occidente y Oriente, es la figura de Poncio Pilatos haciéndose el loco con una ponchera de agua con jabón, mientras unos sacerdotes panzones y barbudos, pedían a gritos la muerte de un profeta   -sólo mucho tiempo después se sabría que era el hijo de Dios-  como castigo por atreverse a pensar diferente a la nomenclatura religiosa al mando de la Sinagoga. Las variantes de la misma escena se repetiría a lo largo de la historia con diversos matices: alguien encontrando siempre una razón para escurrirle el bulto a su responsabilidad ética, bien fuera para denunciar el holocausto desatado por el fascismo nazi o exponer la ignominia de los campos de exterminio del estalinismo comunista, por citar dos de las aberraciones más terribles perpetradas a nombre de la ideología.

Afortunadamente el tema de la abstención ha perdido fuelle en el país, a pesar de que sobran quienes, sinceramente o por comodidad para quedarse en casa, todavía sostienen que las condiciones no están dadas para ejercer el voto pues el árbitro viste la camiseta del equipo contendor.  Los vericuetos por los que discurre tal razonamiento son variopintos, algunos sofisticados como un  sofisma, otros simples y burdos como una pedrada. Pero frente al desmoronamiento que sufre la nación, la indignidad cotidiana a la que son sometidos los ciudadanos -de uno u otro bando- el desguace inclemente de la economía, se abre paso cada vez con más fuerza y acierto la convicción de que el 8D hay que salir a contarse para impulsar el cambio que todos presienten y algunos temen.

El excelente video llamando a votar que recientemente presentó Capriles, ha puesto la opción en su justa dimensión: o se vota a pesar de las trampas y trampillas del régimen y las instituciones a su favor, o se le hace el juego a un gobierno que a todas luces no quisiera que el 8D vea la luz del día. Así de simple es la disyuntiva, como un dos + dos = cuatro, las múltiples variables vendrán después, al día siguiente, cuando con los resultados en la mano se asuma la ruta democrática que se tomará para hacerlos valer. Ya algunos dirigentes de la oposición han anunciado lo que piensan que se debería hacer el día después, lo cual, con el debido respeto, me parece algo así como gritar aquí es, aquí es frente al arco y fuera de juego. Pero lo importante es que todos los que han asumido con responsabilidad su liderazgo, han llamado a votar en las municipales, no sólo para ir fortaleciendo y ganando más espacios para el cambio; también para demostrar con la fuerza de los números, de la contundencia que tendría una avalancha de votos opositores, de qué lado está el sentimiento mayoritario de los venezolanos. No hay magia posible, los números no interpretan el futuro, en este caso lo condicionan, eso sí.

7.363.980 es una cifra considerable de votos, de voluntades que quieren otra cosa, otra Venezuela, y que así lo demostraron votando por Capriles en las últimas elecciones presidenciales, según el CNE. Es producto de un esfuerzo de gigantes contra un tropa cómplice que utiliza las instituciones del Estado como  herramienta para mantenerse a como dé lugar en el poder. Y demos por contando que lo intentarán de nuevo, porque está en el ADN de su proyecto político de sumisión de toda la sociedad venezolana.

7.363.980 no es un número encantado, es una formidable base de partida para salir de la burocracia que se ha enquistado en el poder desde hace tres lustros. El 8D raspa tu voto para sacarlos.

@jeanmaninat

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