Entrevista con Juan Bimba (III) – Elías Pino Iturrieta

Entrevista con Juan Bimba (III) - Elías Pino Iturrieta
Cortesía: La Gran Aldea

Todavía conservo muchas mañas, no me he lavado el cerebro del todo, estoy en un capítulo de transición que no sé hacia donde me llevará, pero eso tampoco lo saben los nuevos partidos que metiste en la conversación. Por lo tanto, organizaciones como PJ y VP tienen que lidiar con un Juan Bimba crepuscular, a quien apenas conocen y quien pretende hacer cosas distintas con su vida. No les queda fácil.

Publicado en: La Gran Aldea

Por: Elías Pino Iturrieta

Entrevista con Juan Bimba (III) - Elías Pino Iturrieta
Cortesía: La Gran Aldea

-Retomando la última conversación, ¿qué le faltó al discurso de los adecos y de los copeyanos, según el Juan Bimba de nuestros días?

-Tengo que referirme, primero, a la aparición de otro discurso que al principio fue marginal pero que fue cobrando gran influencia, hecho y multiplicado por políticos de izquierda que a su manera me camelaron para llegar al poder. En todos ocupo yo el centro de la escena y todo se hace para mí, para mi beneficio y ascenso, para mi cuidado y protección, desde lo que se comenzó a decir en los actos públicos y en los panfletos de propaganda cuando murió Gómez, y hasta la llegada del chavismo. Pero a todo ese palabrerío le faltó algo: Me puso como receptor de las dádivas provenientes de las alturas, como el beneficiario de la política, sin que yo hiciera mayor cosa para ser el protagonista de mi propio destino.

-Pero, si eso faltó a los discursos, ¿de dónde sacarás el protagonismo que te han negado, o que te ha limitado?

-Uno aprende sobre la vida después de experiencias largas y tortuosas. No tienes que esperar la dirección del caudillo, o del partido o del micrófono del líder, para sentir que no puedes depender de esos mensajes sino de ti mismo. A estas alturas he aprendido que yo puedo hacer mi historia desde los intereses sentidos en mis entrañas. Todo me lo enseñaron los políticos, menos a esforzarme. Todo lo predicaron, menos la necesidad de que yo me buscara la vida y superara sus escalones sin muletas de las aturas, o con solo un poco de su ayuda. Por consiguiente, el Juan Bimba que viene hablando no es el mismo del pasado. Tal vez conserve muchas de sus características, pero ya no soy cliente a mano para las palabras políticas que han predominado en la historia reciente. Lo fui hasta la llegada de Chávez, a quien apoyé con júbilo hasta que el exceso de sus palabras y la pequeñez de sus obras me pusieron a pensar y me obligó a tomar justificadas distancias.

-Si ya no confías en el chavismo, ¿tampoco te acercarías a los nuevos partidos de la oposición?

-Yo, Juan Bimba, no existo para esos nuevos partidos de la oposición. Porque he cambiado; en primer lugar, porque si me buscan siguiendo los métodos tradicionales no me encontrarán, pero también porque esos partidos no son ni pueden ser como AD y Copei. Ya no hay partidos de masas como los del pasado, en cuyo cobijo crecí y me malformé, mas tampoco existen las personas y las multitudes que existieron antes para formar parte de sus clientelas. Por lo tanto, organizaciones como PJ y VP tienen que lidiar con un Juan Bimba crepuscular, a quien apenas conocen y quien pretende hacer cosas distintas con su vida. No les queda fácil.

-¿Te suicidaste para renacer?

-Todavía conservo muchas mañas, no me he lavado el cerebro del todo, estoy en un capítulo de transición que no sé hacia donde me llevará, pero eso tampoco lo saben los nuevos partidos que metiste en la conversación. Para llegar a la tierra prometida; los nuevos partidos deben jugar con mis vicios apegados y con mis virtudes de adquisición reciente. Yo con ellos y ellos conmigo con planes diversos, lo cual puede ser una aventura que no se ha visto todavía en nuestra sociedad. Diles que lo piensen, y que los espero en la bajadita.

-Supongo que la espera no tiene prisa, porque has nacido con una arepa debajo del brazo.

-Mentira cochina. El pan ha salido del esfuerzo de los míos, en la abrumadora mayoría de los casos, y ahora quiero que salga de mis manos y de mi talento. Y digo esto porque no soy el Juan Bimba de antes. No sé si lo habrás captado.

-Me temo que sí, por fortuna.

 

 

 

 

 

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