Fertilidad – Jean Maninat

Jean Maninat

Por: Jean Maninat

A cualquier observador internacional debe resultarle curioso que quienes dicen confrontar una feroz dictadura

presuman de contar con 37 partidos políticos (sí, léase bien, 37 partidos políticos) para demostrar su hegemonía en el campo opositor. A los firmantes del Pacto Unitario por la Libertad y Elecciones Libres hay que añadir a los que han decidido acudir a las elecciones del 6 de diciembre encabezados -hoy- por Capriles. Saque usted la cuenta.

Del lado oficialista -PSUV- un solo bloque con sus tendencias y diferencias bien amarradas hasta nuevo aviso. El poder es lo suyo y sus mandos no andan distraídos procreando su especie. Suficiente tienen con tratar de contener el derrumbe económico y social que ellos mismos propiciaron.

Que florezcan mil flores y cien escuelas de pensamiento proclamó Mao Tse-tung en un aparente envión aperturista que luego no dejó tallo con cabeza, ni pensamiento con secuelas. La chorrera de partidos de oposición que ha brotado bajo el autoritarismo gobernante puede ser considerado como un robusto síntoma de renacer democrático en la oposición, o la expresión de una frívola irresponsabilidad reproductiva por parte de sus dirigentes.

La Concertación de Partidos por la Democracia en Chile tuvo en sus inicios cerca de 14 agrupaciones y luego se redujo en la práctica a los más influyentes, DC, PS, PPD, PRSD que condujeron hábilmente la transición democrática con Pinochet respirándoles muy de cerca en el cogote del Senado por algunos años. Saquemos la cuenta en nuestro país. (Y no vale refugiarse en la infinita maldad del régimen y los cubanos para explicar tan alta tasa de natalidad partidista).

La irrupción de Capriles en el tablero electoral -y su permanencia en él- quizás brinde la oportunidad de conformar una plataforma política que incluya la participación en las elecciones parlamentarias, pero vaya más allá retomando la ruta electoral como vía para la recuperación democrática. Habría que consolidar -en un solo bloque-  el retorno de la expectativa electoral que parece haber renacido en muchos hasta hace nada renuentes a siquiera considerarla. Los argumentos a favor y en contra de participar en elecciones en condiciones dispares todos los conocemos al dedillo. No hay nada que inventar. Que cada vela se amarre a su mástil.

Como ha sucedido en otras partes, la realidad irá imponiendo una dieta de siglas y emergerán o se consolidarán los partidos políticos con un discurso centrado en la gente y no en los devaneos personalistas de sus líderes. Y, sobre todo, sobrevivirán aquellos que presenten programas reales para la solución de los problemas reales de la ciudadanía. Ya ha sido advertido con singular sonrisa: la tarea la tienen que hacer los venezolanos sin ayuda del voluntarismo mágico.

Veamos qué pasa de aquí a diciembre, o sobre todo luego de diciembre. Mientras tanto sería conveniente desarrollar un programa de control de natalidad responsable, que aminore la incontenible fertilidad de la oposición para dar vida a tanta entelequia que solo sirve para pasar la charola y agenciarse unos recursos “usted sabe compañero para la lucha”. O al menos, que tengan la discreción de no andar ventoseando orgullosos su cuantiosa prole. Tanta fertilidad abruma.

 

 

 

 

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