La comiquita de PJ – Elías Pino Iturrieta

La comiquita de PJ - Elías Pino Iturrieta
Cortesía: La Gran Aldea

¿No sabe Capriles que en ese “gobierno de internet” se han metido de lleno políticos de su partido como Borges, Guanipa, Pizarro, Olivares, Guerra, Paparoni y muchos otros, y que son prominentes y numerosos? Una decisión individual no solo lo conduce a descalificar el trabajo de los líderes que hasta ahora han formado parte de su mismo domicilio y no escatimaron esfuerzos para favorecer su elevación política, sino también a divorciarse de la línea partidista en materia electoral. Tal es la deplorable maroma, supuestamente vinculada con la pureza de los sentimientos altruistas y con la pulcritud de un servicio público, que lleva a Henrique Capriles a fundar una mesita electoral controlada por su propio dueño.

Publicado en: La Gran Aldea

Por: Elías Pino Iturrieta

En su más reciente intervención telemática, Henrique Capriles dedicó unos cuarenta y cinco minutos a su autobombo para hacer después disparos por mampuesto contra el interinato de Juan Guaidó y contra figuras fundamentales de su partido. Habló de lo buena persona que era, de su afecto por los pobres, de su vocación patriótica y de lo mucho que quiso a la abuelita, confesiones sobre las cuales solo existe la explicación de que  eran las únicas mechas que podía coger para anunciar, en el prefacio de una insólita autobiografía de amor y desprendimiento, su decisión de participar en las próximas elecciones parlamentarias. Tal vez porque pregonaba una decisión necesitada de explicaciones sólidas que no tenía a mano, se fue por la tangente de la proliferación de sus de virtudes.

Ya una exposición de tal naturaleza merecía un llamado de atención de su partido, debido a que él ha sido parte estelar de su vanguardia, su candidato presidencial en dos ocasiones y figura famosa y celebrada. No convenía, ni al declarante ni a su tolda, que se presentara con semejante tochedad. Pero no tenemos noticias de que le llamaran la atención por un teatro tan desatinado, tan solazado en un individualismo que habitualmente se oculta por pudor. Los líderes del partido prefirieron el silencio, quizá porque consideraron que no se debía perder tiempo en pequeñeces. Falta venial, digamos, sobre la cual conviene pasar a hurtadillas para detenerse en las escandalosas omisiones que luego protagonizaron ante lo que se convirtió en un ataque a mansalva contra las decisiones partidistas y contra el Gobierno interino al cual han apoyado en primera línea.

En efecto, después de la sorprendente auto apología, Capriles afirmó que la gestión interina de Guaidó no solo había cometido numerosos errores de gravedad, sino que, para completar, era un “gobierno de internet”. Sobre las fallas del transitorio Juan Gerardo es mucho lo que ha dicho quien escribe, de manera que el acusador no afirma nada nuevo, pero una cosa es que las desembuche alguien desde su individual computadora y otra, muy distinta y totalmente digna de reproche, que las suelte la figura más popular de una bandería de oposición que ha figurado en la vanguardia del equipo que ahora recibe unos dardos que son necesariamente insólitos e irrespetuosos. Las afirmaciones de Capriles no solo arremetieron contra los desaciertos de un proyecto político apoyado por Primero Justicia (PJ), sino también contra figuras estelares de PJ.

¿No sabe Capriles que en ese “gobierno de internet” se han metido de lleno políticos de su partido como BorgesGuanipaPizarroOlivaresGuerraPaparoni y otros que ahora se me escapan, pero que son prominentes y numerosos?, ¿no llega a los extremos de la enormidad, pero también de la arbitrariedad más caprichosa e insostenible, al sugerir que forman parte de una simulación, de una fantasía, de una mentira? El interés personal lo lleva a desconocer el sacrificio que muchos han experimentado, dolores que no son precisamente de internet sino que forman parte de la cruda realidad y se sienten en carne viva. Y todo para anunciar su decisión de participar en unas elecciones rodeadas de sospechas y susceptibles de fundada desconfianza, que ha anunciado la dictadura. Una decisión individual no solo lo conduce a descalificar el trabajo de los líderes que hasta ahora han formado parte de su  mismo domicilio y no escatimaron esfuerzos para favorecer su elevación política, sino también a divorciarse de la línea partidista en materia electoral. Cuando habla de un “gobierno de internet”, calca argumentos de Nicolás Maduro. Tal es la deplorable maroma, supuestamente vinculada con la pureza de los sentimientos altruistas y con la pulcritud de un servicio público, que  lleva a Henrique Capriles a fundar una mesita electoral controlada por su propio dueño.

Pero ha llegado a esos extremos porque lo ha permitido su partido, que no le ha estorbado el dibujo libre ni con el pétalo de una rosa. Si nos detenemos en el Comunicado que acaba de publicar ante la insólita “autonomía”, PJ tiene lo que se merece. El Comunicado ni siquiera menciona a Capriles cuando señala, después de insistir en el seguimiento de su estrategia partidista frente a la usurpación, que los disidentes de la orientación se separan voluntariamente de la organización. No es que los expulsaremos, dicen modositos los líderes, sino que muchos de ustedes se expulsarán espontáneamente debido a que así lo decidieron por meterse en travesuras. Una complacencia tan mayúscula, la omisión del protagonista de una defección pública y notoria, una ausencia olímpica de firmeza ante el grosero deslinde de uno de los miembros de su cogollo, no solo explica los desaires del disidente sino los descalabros que esperan a la organización y las frustraciones que multiplicará.

 

 

 

 

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